SOLEDAD


De pequeño, me atormentaba ir a la compra con mi madre porque siempre llegaba el temido momento de hacer cola. En ese momento sabia que sin variación alguna mi madre diría: “hijo voy un momento a coger patatas, quédate aquí y que no se cuelen”, a partir de ese momento los minutos se hacían horas, la cola avanzaba y mi madre no venía, se acercaba nuestro turno y yo estaba ahí solo y sin dinero. Afortunadamente mi madre siempre acababa llegando justo a tiempo y la malvada cajera del Este no tenía oportunidad de llevarme a sus mazmorras.